Bosque otoñal

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domingo, 15 de diciembre de 2013

Acertijos para entrenar tu pensamiento divergente

 
 

Pensamiento lateral o pensamiento divergente (lateral thinking), es un termino acuñado por el psicólogo, fisiólogo y escritor maltés Edward de Bono para definir un cierto tipo de creatividad. Su primera aparición fue en su libro The Use of Lateral Thinking, publicado en 1967.

Por regla general, nuestro cerebro aborda los problemas de modo racional. Fundamentamos nuestras respuestas en lo aprendido, con una base histórica y con un enfoque plenamente lógico, pero en muchos casos es importante aplicar otra perspectiva a la resolución de problemas. Muchos problemas pueden ser irresolubles usando la lógica establecida pero sencillos si los enfrentamos a nuevas ideas.


Hoy vamos entrenar nuestro cerebro desarrollando su pensamiento divergente. Para ello vamos a ver una serie de acertijos que he ido recuperando de multiples foros y conocidos y cuya resolución requiere un poco de creatividad:

- PENDIENTE EN EL CAFÉ. Esta mañana se me cayó un pendiente en el café. Y aunque la taza estaba llena, el pendiente no se mojó. ¿Cómo es posible eso?

- DOS LATAS CON AGUA. Tenemos dos latas llenas de agua y un gran recipiente vacío. ¿Hay alguna manera de poner toda el agua dentro del recipiente grande de manera que luego se pueda distinguir que agua salió de cada lata?

- SALVARSE DE LA QUEMA. Situémonos en una isla pequeña de vegetación abundante, la cual está rodeada de tiburones. Si un lado de la isla comienza a arder, y el viento está a favor del fuego, ¿cómo haremos para salvarnos de ese infierno?

- CAMINAR SOBRE LAS AGUAS. El reverendo Horacio Buenaspalabras anunció que cierto día, a cierta hora, realizaría un gran milagro: durante veinte minutos caminaría sobre la superficie del río Hudson sin hundirse en sus aguas. Una gran muchedumbre se apiñó para presenciar la hazaña. El reverendo Buenaspalabras realizó exactamente lo que afirmó que haría. ¿Cómo?

- EL TÚNEL Y LOS TRENES. En una línea de ferrocarril, el tendido tiene doble vía excepto en un túnel, que no es lo bastante ancho para acomodar ambas. Por ello, en el túnel la línea es de vía simple. Una tarde, entró un tren en el túnel marchando en un sentido, y otro tren entró en el mismo túnel, pero en sentido contrario. Ambos iban a toda velocidad; y sin embargo no llegaron a colisionar. Explíquelo.

- EL PRESO FUGADO. Un preso fugado iba caminando por una carretera comarcal cuando vio acercarse velozmente un auto de la policía. Aunque la intención del fugado era huir hacia el bosque, echó a correr 10 metros en dirección al vehículo que se acercaba. ¿Hizo esto para mostrar su desdén por las fuerzas del orden, o pudo tener otra razón más poderosa?

- EL VENDEDOR VERÍDICO. "Este lorito es capaz de repetir todo lo que oiga", le aseguró a la señora el dueño de la pajarería. Pero una semana después, la señora que lo compró estaba de vuelta en la tienda, protestando porque el lorito no decía ni una sola palabra. Y sin embargo, el vendedor no había mentido. ¿Podrá Vd. explicarlo?

- LA BOTELLA Y EL CORCHO. Una botella de vino, taponada con un corcho está llena hasta la mitad. ¿Qué podemos hacer para beber el vino sin sacar el corcho ni romper la botella?

- EL COCHE ESTACIONADO. En una carretera recta, un coche estacionado apunta hacia el oeste. Usted sube y empieza a conducir. Después de andar un rato, descubre que se encuentra a 1 Km. al este del punto de partida. ¿Cómo puede ser?

- BAÑO POR INMERSIÓN. Decide Vd. de pronto darse un baño por inmersión. Como no está en su casa, si no en un hotel de un país extranjero, no sabe a ciencia cierta cual de los grifos de la bañera es el del agua caliente, si el de la derecha o el de la izquierda. ¿Cómo puede hacer para estar seguro de no abrir la fría antes que la caliente?

- UNA HISTORIA DE CAMA. Por asuntos de trabajo, el señor Barrunto viajó al extranjero y regresó dos meses después. Al entrar en su casa encontró a su mujer compartiendo la cama con un desconocido. El señor Barrunto se alegró mucho. ¿Cómo se explica?

- EL TAXISTA ERA MUY VIVO. Una señora ha tenido la fortuna de encontrar taxi libre. Pero de camino, la señora resultó tan charlatana, que el taxista pierdó paciencia. Taxista: Lo siento mucho señora, pero no oigo nada de lo que me dice. Soy sordo como una tapia y mi audífono se ha estropeado. Al enterarse la pasajera cortó la cháchara. Pero al bajar del taxi se dió cuenta de que el taxista no había dicho la verdad. ¿Cómo pudo darse cuenta?

- PARTIDA DE TUTE INTERRUMPIDA. Llevando dadas aproximadamente la mitad de las cartas, la persona que repartía en una partida de tute tuvo que ir a contestar el teléfono. Al volver nadie recordaba quién recibió carta por última vez. Sin saber el número de cartas de ninguna de las manos parcialmente repartidas, ni el número de las que faltan por repartir todavía, ¿cómo se podrá proseguir el reparto, de forma que cada jugador reciba exactamente las mismas cartas que le habrían correspondido de no haberse producido la interrupción?

- CONOCER LA CONSTITUCIÓN. Al tener un régimen democrático, el primer deber cívico de los españoles es conocer la Constitución y su interpretación correcta. ¿La conoce Vd.? El artículo 157, que habla de los recursos de las Comunidades Autónomas, establece en su apartado d), que pasarán a formar parte de dichos recursos los "rendimientos procedentes de su patrimonio e ingresos de derecho privado". ¿Puede una persona, viviendo en Barcelona, ser enterrada en Madrid sin permiso especial de la Administración de la Generalitat?

- LLENANDO LA PICINA: Para llenar de agua una piscina hay tres surtidores. El primer surtidor tarda 30 horas en llenarla, el segundo tarda 40 horas y el tercero tarda cinco días. Si los tres surtidores se conectan juntos, ¿cuanto tiempo tardará la piscina en llenarse?.

- MARÍA Y JUAN: María tiene un hermano llamado Juan. Juan tiene tantos hermanos como hermanas. María tiene el doble de hermanos que de hermanas. ¿Cuantos chicos y chicas hay en la familia?

- CINCO PATATAS Y SEIS NIÑOS. Una madre tiene 6 niños y 5 patatas. ¿Cómo puede distribuir las patatas uniformemente entre los 6 niños? (No valen fracciones).

- BOLAS EN CAJAS. ¿Cómo podremos disponer 9 bolas en 4 cajas de forma que cada una tenga un número impar de bolas y distinto del de cada una de las otras tres?

- 10 y 11 MONEDAS EN TRES VASOS. Al meter 11 monedas en tres vasos, de forma que cada vaso contenga un número impar de monedas; podemos conseguirlo de muchas formas. Por ejemplo, poniendo 7 monedas en un vaso, 3 en otro y, 1, en el último. Sin embargo, ¿sabría Vd. distribuir 10 monedas en estos mismos tres vasos, de modo que siga habiendo un número impar de monedas en cada vaso?

- SUMA DE TRES CIFRAS IGUALES. Una suma con tres cifras iguales da como resultado 60. Los números no son el 20. ¿Cuáles serán los números?

- CON SOLO UNA RAYITA. Agregue una sola rayita, cortita y derecha, a los dos números 10 para que el resultado sea 9'50. 10 10. (En 10 segundos).

- LOS TERRONES Y EL AZÚCAR. Se tienen tres tazas de café y catorce terrones de azúcar. ¿Cómo endulzar las tres tazas empleando un número impar de terrones en cada una?


¿Qué tal?
¿De verdad quieres las repuestas?
Si no piensas un poco tu cerebro no se ejercita...

VER SOLUCIONES: En el primer comentario.

108 comentarios:

  1. - PENDIENTE EN EL CAFÉ: La presunción errónea es que café significa "líquido". El pendiente cayó en una taza de café en grano.
    - DOS LATAS CON AGUA: Piensa en hielo.Congela el contenido de las latas, y pononlo en el recipiente grande como dos trozos de hielo.
    - SALVARSE DE LA QUEMA: Prendemos fuego en la mitad de la isla, pare que al llegar las llamas del incendio no tengan combustible.
    - CAMINAR SOBRE LAS AGUAS: El río Hudson estaba helado cuando el reverendo Buenaspalabras se paseó sobre sus aguas.
    - EL TÚNEL Y LOS TRENES: Un tren pasó por el túnel una hora después que el otro.
    - EL PRESO FUGADO: El preso estaba cerca de la entrada de un largo puente
    - EL VENDEDOR VERÍDICO: El loro era sordo.
    - LA BOTELLA Y EL CORCHO: Hundir el corcho en la botella.
    - EL COCHE ESTACIONADO: El coche anduvo marcha atrás.
    - BAÑO POR INMERSIÓN: Abriendo ambas a la vez.
    - UNA HISTORIA DE CAMA El desconocido su hijo que había nacido durante su ausencia.
    - EL TAXISTA ERA MUY VIVO: No era sordo porque supo llevarla hasta la dirección que ella le dijo.
    - PARTIDA DE TUTE INTERRUMPIDA: La persona que reparte se da a sí misma la última carta del mazo y prosigue dando desde abajo en sentido contrario a las agujas del reloj.
    - CONOCER LA CONSTITUCIÓN: No es costumbre enterrar a los vivos.
    - LLENANDO LA PICINA: 15 horas.
    - MARÍA Y JUAN: Cuatro chicos y tres chicas.
    - CINCO PATATAS Y SEIS NIÑOS: En puré
    - BOLAS EN CAJAS: Tres cajas pequeñas, conteniendo 1, 3 y 5 bolas se hallan dentro de una caja mayor que las contiene a todas (9).
    - 10 y 11 MONEDAS EN TRES VASOS: 7 en un vaso, 2 en otro y, 1, en el último, con el vaso que contiene 1 dentro del vaso que contiene 2.
    - SUMA DE TRES CIFRAS IGUALES: 55 + 5 = 60.
    - CON SOLO UNA RAYITA: Ponga diez menos diez, que, como todos los que tenemos reloj sabemos, es lo mismo que nueve y cincuenta.
    - LOS TERRONES Y EL AZÚCAR: Poniendo un terrón en cada taza. En ningún momento se dice que haya que utilizar todos los terrones.
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sábado, 30 de noviembre de 2013

Miedo a perderse algo.


Queremos vivir intensamente y sublimamos lo que hacen los otros o lo que creemos que hacen El peligro de esta idealización es vivir eternamente insatisfechos y alejarnos más de la felicidad

 
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Toni llega sistemáticamente tarde a todas las citas. Y si algo le caracteriza es la celeridad. Su tremenda impuntualidad no se debe, pues, a que sea lento, sino a que su vida la forma una concentración de actividades pegadas unas a otras. Por muy deprisa que vaya, nunca puede llegar a tiempo. Una frase lo caracteriza: “No quiero malgastar la vida”. Y allí se encuentra la raíz de su conducta.
En la sociedad en que vivimos, si algo nos define es ir acelerados, y no solo en la faceta laboral, sino también en nuestra parcela ociosa. Huimos de un miedo que tenemos escondido en todas nuestras células: que llegue el final de nuestras vidas y que nos arrepintamos de no haberla vivido más intensamente o haberla desperdiciado.
El sufrimiento es algo muy íntimo. La sensación de soledad, de culpa, las dudas, la negrura que se nos instala dentro, suele parecernos algo muy nuestro. Propiedad privada. Solemos esconderlo; los demás, que nos parecen más felices, no podrían entenderlo. Todos solemos enseñar nuestra cara más sonriente. Así, unos idealizamos la vida de los otros. Pensamos que detrás de la sonrisa de los demás se encuentra una vida más fácil que la nuestra.
El bienestar que creemos percibir en los
demás puede llevarnos tanto a la envidia como
a la depresión”
Jesús Gabriel Gutiérrez
Las redes sociales multiplican esta idealización. En Facebook, por ejemplo, muchas personas cuelgan fotos de sus vidas: suculentas comidas, fiestas con los amigos, viajes alucinantes, momentos románticos… Nadie cuelga la bronca con su pareja. Así, cuando un domingo por la tarde sentados en el sofá del comedor nos ponemos a contemplar esas instantáneas fantásticas de nuestros amigos, nos podemos sentir muy desgraciados. FOMO (fear of missing out; en español, miedo a perderse algo) es la nueva etiqueta que ha surgido para esta sensación. ¡Estamos apoltronados en el sofá cuando los demás están disfrutando intensamente de la vida! ¡Nos estamos perdiendo algo! Según un estudio, tres de cada 10 personas con edades entre 13 y 34 años están sufriendo FOMO.
El sentimiento de que la vida pasa y quizá no la estamos aprovechando como deberíamos también lo aumenta la cantidad de oportunidades que nos ofrece el mundo desarrollado. Hace solo unas décadas, la televisión disponía de un único canal; ahora, el número es apabullante. Parece que en la vida pasa lo mismo. Las opciones se multiplican constantemente.
Unos días atrás me quedé sin champú. Entré en el primer establecimiento que vi, pero no encontré la marca que suelo utilizar. Podía comprar cualquier otro. Pero no fue tan fácil. No conté los tipos de champú que había, pero no menos de 40. Mis neuronas tardaron un buen rato en elegir uno. Ridículo.

Elecciones, decepciones

Ilustración de João Fazenda
PELÍCULAS
‘Mi vida sin mí’, de Isabel Coixet
‘Antes de partir’, de Rob Reiner
‘Están vivos', de John Carperter
‘Las verdes praderas’, de José Luis Garci
LIBROS
‘Por qué más es menos. La tiranía de
la abundancia’. De Barry Schwartz
(2005) Taurus
El psicólogo parte de la premisa
de que el aumento de la depresión
en el mundo desarrollado es
consecuencia directa del aumento
de opciones.
Según el psicólogo Barry Schwartz, el aumento de opciones que nos ofrece la sociedad de consumo nos aleja de la felicidad en lugar de acercarnos a ella. San Francisco de Asís, que afirmaba: “Necesito pocas cosas, y esas pocas las necesito poco”, seguro que hubiera estado de acuerdo con él. El incremento de posibilidades aumenta nuestra frustración fundamentalmente por cinco motivos:
1. El tiempo que necesitamos para elegir. Mis amigos estuvieron durante mucho tiempo riéndose de mi móvil. ¿Por qué no lo cambias? Me gustaba cuando me enseñaban las aplicaciones de los suyos, pero pasar de mi simple telefonillo a un smartphone lo veía una aventura. No tenía ni idea de cómo empezar a elegir, y pensaba que una vez comprado no tendría tiempo para aprender a manejarlo y sacarle partido. Invertí muchas horas pidiendo consejo a cualquier persona que veía con uno en la mano. El análisis produce parálisis. Y así estaba yo, inmovilizada. Hasta que un día mi hermana me empujó dentro de un comercio para que me lo comprara de una vez.
2. El espacio que ocupan las opciones. Cuando entre varias posibilidades hemos elegido una y descartado las demás, en algunos casos las descartadas siguen estando disponibles, invadiendo espacio en nuestra mente. Supongamos que nos vamos de fin de semana y decidimos estar desconectados. Y así lo hacemos; sin embargo, la posibilidad de conectar el teléfono está allí constantemente. Quizá se nos cruce por la cabeza en varios momentos. Y aunque superemos esas fugaces tentaciones, necesitamos una mínima energía para conseguirlo. Las opciones ocupan espacio mental, aunque las descartes.
3. Aumentan nuestras expectativas. Barry Schwartz en una de sus conferencias explicó que siempre viste vaqueros. Antes era fácil comprarlos, solo tenías que indicar tu talla al vendedor. Este psicólogo confesaba su mareo actual cuando el dependiente le pregunta cómo los quiere: ¿talle alto, bajo?, ¿lavados a la piedra?, ¿rotos, cosidos?… “Lo curioso es que ahora que puedo elegir entre tantas posibilidades estoy menos satisfecho con mi compra… tanto es así que he tenido que escribir un libro para entender el porqué”, bromea. Se refiere a su obra Por qué más es menos. Según él, cuando te ofrecen tantas variedades de un producto, aumentan tus expectativas. En el caso de los pantalones, piensas que te van a quedar mucho mejor. Y cuanto más altas son las expectativas, más difícil es que la realidad se acerque a ellas. La insatisfacción está servida.
Cuando lo que se esperaba era menor, podíamos llevarnos sorpresas positivas. En nuestros días, esta alegría inesperada es cada vez menos común.

4. Crece el arrepentimiento. Unos meses atrás, la mujer de un amigo me invitó a su fiesta sorpresa de 50º aniversario. La celebración consistió en un día en el campo con muchos amigos y muchas actividades a elegir. Debías escoger entre unas cuantas: excursión en bicicleta, a pie, rafting, relajarse en el lago… Todas atractivas. Mi parte sedentaria escogió el lago, y la verdad es que tengo un recuerdo muy bonito de esa tarde. La compartí con una amiga con la que hacía tiempo que no coincidíamos, y la conversación fue de lo más suculenta. Pero… ¿me lo habría pasado mejor si hubiese ido de excursión? Al final del día, cuando todos estábamos juntos de nuevo, la pregunta que iba circulando era: ¿qué tal lo habías pasado en bici?, ¿qué tal el rafting?… Creo que en el fondo de esa cuestión había la necesidad de saber si cada uno había elegido bien la actividad. No sé si alguien se arrepintió de la opción elegida. Lo que sí está claro es que cuando crecen las posibilidades de elección, también lo hacen las de arrepentimiento.
Solo se ve bien con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos”
Antoine de Saint-Exupéry
5. Aumenta el sentimiento de culpa. Cada día existen más tipos de tratamiento para un mismo diagnóstico dentro de la medicina alopática. Y además también podemos optar por salirnos de ella y recorrer los caminos menos “oficiales” de las alternativas. La decisión es toda nuestra. He oído en más de una ocasión comentarios del tipo: “ha muerto de cáncer, pero es que no quiso quimioterapia y se fue hacia las terapias naturales” o “se murió porque no probó otras terapias menos intrusivas y más naturales”. En cualquier caso, parece que la culpa es del muerto. Horrible.
Tenemos miedo a desperdiciar la vida, a perdernos algo, pero… ¿el qué? ¿Esa fiesta que vemos en Facebook, el coche que tiene el vecino, un superviaje como el que hace nuestro primo…? Realmente la desperdiciamos cuando ocupamos nuestras sinapsis en: elegir “el mejor” reloj, en idealizar la vida de los demás, en sentirnos frustrados por no vivir tan intensamente como supuestamente viven los otros… Inmersos en nuestros montajes mentales sí que nos perdemos algo: apreciar lo esencial. Bonnie Ware acompañó a muchos enfermos en los últimos días de su vida. Ninguno se arrepintió de no haberse comprado ese coche o de no haber ido de vacaciones a no sé dónde. Esas personas, al mirar atrás, confesaban que si volvieran a vivir, disfrutarían más de sus amigos, no se dejarían acorralar por preocupaciones nimias, expresarían con más sinceridad sus sentimientos… Conclusiones lúcidas que propicia la cercanía de la muerte, pero a las que afortunadamente podemos llegar sin tenerla cerca.

La guía del hombre perezoso.

                               
 
 
No hagas hoy lo que puedas dejar de hacer también mañana.
- Fernando Pessoa.
En primera instancia la “pereza” y la “iluminación”, en una misma frase, podrían parecen destinadas a un oxímoron. El clásico koan zen que revela en su simpleza la clave de la elevación de la conciencia, “cortar madera y acarrear agua”, parece decir que para iluminarse es necesario un arduo trabajo, una férrea disciplina, una inquebrantable voluntad. Y sin embargo el zen, como el Tao, ama las contradicciones y las paradojas, porque abren la mente, porque revelan crisálidas en la danza de los opuestos. Cómo entender que no actuar puede ser un acto (tanto como el más poderoso; las montañas se mueven sólo con la mente y vienen a ti); lo negativo, como la pereza, también puede llevarte hacia la manifestación total de tu ser, hacia ese bienestar ensoñado en la hamaca de la eternidad.
Si bien con pereza queremos decir también inacción, relajación, quietud, no-reacción, liviandad, etcétera, seamos perezosos y quedémonos  solo con la palabra pereza, como un juego, como la luz lúdica de la tarde que se columpia entre las arañas y las nubes —y la ilusión del mundo hace ligera la existencia, porque nada es real, nada dura, nada duele (solo la luz que se demora en caer)  (((((dios bosteza)))).
En su memorable texto, El Derecho a la Pereza, Paul Lafargue alaba con sublime holgazanería:
«Los filósofos de la antigüedad enseñaban el desprecio al trabajo, esa degradación del hombre libre; los poetas cantaban a la pereza, ese regalo de los dioses:
»O Melibae, Deus nobis haec otia fecit [5]».
«Cristo, en su Sermón de la Montaña, predicó la pereza: ‘Miren cómo crecen los lirios en los campos; ellos no trabajan ni hilan, y sin embargo, yo les digo: Salomón, en toda su gloria, no estuvo nunca tan brillantemente vestido’ [6]».
«Jehová, el dios barbado y huraño, dio a sus adoradores el supremo ejemplo de la pereza ideal; después de seis días de trabajo, descansó por toda la eternidad».
A esa sabiduría milenaria hoy se opone la mecanización del espíritu, el neg-ocio como máxima aspiración (dádiva divina en la ética protestante), el estrés, la prisa, el tiempo es dinero. No  estar si no es progresando, alcanzando, superando.  El vertiginoso pavor del silencio de las esferas infinitas, del espacio vacío. La idea motriz de que aún no somos, que tenemos que llegar a ser. Algo que está lejos como una ciudad prometida en el horizonte, en el futuro.
En respuesta a esta ontología revelada a través de la acción, a la tendencia occidental de querer aniquilar el vacío, hace casi 40 años, Thaddeus Golas, un hippie de Nueva Jersey, escribió La Guía del Hombre Perezoso a la Iluminación. Un libro bastante sencillo que contiene en sus lánguidas hojas los secretos del universo (aunque todos los libros contienen los secretos del universo).
Golas concibió la iluminación como “la forma de salir de esta realidad”. Esta realidad es la ilusión, el maia, el hecho de que somos egos sólidos y solitarios flotando en el frío indiferente del espacio y que no podemos crear lo que queramos con simplemente imaginarlo. Este texto de culto fue recibido como una especie de libro de (anti)superación para los jóvenes del flower power que escalaban optimistas olas vibracionales y que pensaban que todo era posible, tanto como quedarse sentado en el pasto, comer flores, y sin hacer nada, iluminarse.
«El New Age es una Torre de Babel. Intentando usar la energía para llegar al Cielo —no puede hacerse. Llegas al Cielo dejando de ser energía. Si te mantienes consciente continuamente, empujarás el mundo material hasta desvanecerlo. Además de prolongar tu conciencia, no existe ninguna idea o acción en la Tierra que haga la más mínima diferencia en tu futuro espiritual… No hay nada que necesites hacer antes para iluminarte».
«A la iluminación no le importa cómo llegues».
La pereza puede llevarnos a la iluminación porque cualquier cosa puede llevarnos a la iluminación. Cualquier cosa puede llevarnos a la iluminación porque ya estamos iluminados. Ya estamos iluminados porque somos el universo entero (y el tiempo no existe a la velocidad de la luz). Esa es la ventaja o el resultado de ser polvo de estrellas y nacer de una misma gran explosión, de haber sido en algún momento el primer átomo, la sopa cósmica, el hidrógeno, la inflación, la primera estrella, de haber estado en el primer núcleo de la primer supernova que creó oro y estar entonces por siempre entrelazados en la codivinidad de la inextricable unidad cuántica. Esa es la ventaja de ser juntos, de que todos son todo, de que el alma está amalgamada con el holograma universal. De que tenemos la información de todas las cosas dentro de nosotros y por eso somos la conciencia del universo.
La acción y la voluntad también nos pueden llevar a la iluminación. Podemos elevarnos hacia la iluminación a través de una serie de técnicas ejecutadas con presteza. O podemos también dejarnos caer hacia la iluminación (que puede tener una cara oscura, como una cueva) con pereza, como plumas ligeras en el sumidero de nuestro propio ser.
«Todas las experiencias potenciales ya están dentro de ti. Puedes abrirte a ellas en cualquier momento, más rápido que instantáneamente. Sólo estando ahí.
»Pero no hay prisa. La expansión total siempre está ahí, más allá del tiempo, dentro y alrededor de ti. Solo necesitas relajar tu conciencia al ritmo que te parezca seguro y cómodo. Si el LSD es muy veloz, vete lento. Todos pertenecemos en el universo.
»No hay razón para preocuparte o preguntarte sobre mejores o peores condiciones espirituales, aunque ese juego está disponible. No podrás elevarte sobre el nivel de tu vibración actual de forma duradera hasta que no ames la forma en la que eres en este momento».
Como se dice también en algunas filosofías orientales, no tiene sentido buscar algo más que en el sitio en el que estás. Ahí mismo está el universo entero, tal vez es más útil dejarse caer en ese agujero infinito de ser que salir a buscar algo afuera (cuando el que está buscando es lo que se está buscando). Además, en el fondo, ese algo que estás buscando es el vacío cósmico —donde habita la energía inconmensurable, donde eres todos los seres y juegas a morderte la cola en un laberinto del tamaño exacto de tu cuerpo infinito.
Buscar, como actuar, es en cierta forma perpetuar la ilusión (actuar es actuar un papel en una obra de teatro que no sabemos es una obra de teatro). Ilusión de que tenemos que hallar o hacer algo que no tenemos, que está fuera de nosotros, que a través de algo externo, de algo que conseguiremos en el futuro, nos podremos iluminar o sentir bien. Y si no hacemos eso, si no encontramos aquello, nos sentimos mal.
«El problema con el Mal es que nos seduce a que intentemos eliminarlo».
Históricamente se ha hablado de un conflicto entre el deseo y la realidad. Ese conflicto existe solamente hasta el momento en el que mantenemos la ilusión de que existe una realidad donde nuestros deseos son impotentes porque están constreñidos a una serie de leyes inmutables e inalterables sobre las cuales no tenemos ningún poder (una realidad determinista, en la que nuestra vida es como la de una bola de billar). La realidad de esta forma es una realidad en la que no podemos hacer lo que queremos. Pero si no existe la realidad, ¿cuál es el conflicto? ¿Si no hay nada qué hacer cuál es el conflicto?
Se dice también que el hombre perezoso palidece ante el hombre de acción, que el primero sueña reinos mientras el segundo los conquista. ¿Pero para qué librar una batalla y forzar la entrada a un reino cuyas puertas siempre han estado abiertas?  Y si bien los reinos del hombre perezoso son reinos oníricos, ¿acaso no es el sueño la sustancia más profunda (y pura) del universo, la sustancia que somos? “We are such stuff as dreams are made on”, dijo Shakespeare como si fuera uno los grandes “iluminatis de las edades” (palabras de Manly P. Hall). El mismo hinduismo, con su milenaria sabiduría, habla de una Conciencia Absoluta, Brahma, que se debate entre el sueño y la vigilia; cuando sueña existe este universo (una imagen en su mente). ¿Qué no es justamente el crear con solo imaginar, con solo decirlo en la mente, la cualidad intrínseca de la divinidad? La pereza adivina que el mundo es una ilusión y desde la orilla, sin participar, como el dios de Joyce que se lima las uñas, empieza a mover las piezas con la imaginación (la materia no pesa, la pared se atraviesa, todo es boligoma: quark-gluon-plasma). Puede cambiar el paisaje y mover la escenografía justamente porque sabe que es una ilusión, que las cosas están hechas de nada. No obstante, el hombre perezoso de conciencia probablemente no querrá cambiar el paisaje,  querrá disolverse en él —y experimentar la riqueza de la multiplicidad desde la unidad indivisible. Como un ala que es el aire.
«No hay nada malo con ser lo que eres —es una de las infinitas experiencias disponibles. Lo que tú eres, yo puedo serlo. Lo que yo soy, tú puedes serlo» (y en la eterna madeja de la alternidad seremos todos los otros, yosoytú —inlackech: en el jardín de los senderos que se bifurcan se enlazan los pronombres).
«Ya que en el universo no hay más que seres vivientes, cada uno controlando su propio nivel y sus propias relaciones, no hay absolutamente nada en el universo que necesite corregirse en ninguna forma. No tenemos que hacer nada al respecto, cualquier cosa que sea. Hay conciencia en todas partes del universo… Cada partícula en cada átomo es un ser vivo. Cada molécula en cada célula es una tribu de seres.
»Un ser completamente expandido es el espacio. Ya que la expansión es permeable, podemos estar en el “mismo espacio” con uno o más seres expandidos. De hecho es posible que todas las entidades del universo sean un solo espacio… El espacio es un nivel de experiencia que todos podemos lograr, pero es difícil de discutir en nuestro plano presente justamente porque es ilimitado».
Según cuenta Plutarco, Alejandro Magno, el gran conquistador, buscó emocionado al gran filósofo Diógenes y, al encontrarlo , le preguntó si podía hacer algo por él. En vez de pedirle cualquier suntuoso regalo de este mundo o favor, Diógenes solo le dijo a Alejandro que se moviera de donde estaba porque le tapaba el sol (al parecer el filósofo cínico practicaba el místico arte de la inacción solar, de dejarse iluminar).

viernes, 29 de noviembre de 2013

Acerca de apoderamientos y apropiaciones.

    
Alejandro Lodi
(Abril 2013)
06
Apropiar no es contener, sino retener. Antes que ricos, apoderarnos nos convierte en tensos captores. Apropiarse es no dejar ser, porque necesito que la realidad sea aquello que confirma mi imagen (y sus supremos ideales, orgullosas aspiraciones y épicas metas). Necesidad es condicionamiento. Libertad de percepción es inversamente proporcional a necesidad de confirmación narcisista.

Apropiarse es perder el contacto directo con la realidad y habitar prejuicios. Apropiarse es cerrar la percepción. Es ya saber qué debe ser percibido. Es pérdida de espontaneidad. Si necesito habitar una realidad que me ratifique, la percepción pierde frescura y gana automatismo. No percibo, sino que prejuzgo. No descubro, sino que confirmo. Para que la imagen personal que tengo de mí mismo no sea amenazada, necesito que el mundo “allá afuera” se ajuste a ella. El yo necesita controlar la información del mundo.
Apropiarse es una actitud existencial que vive en la perpetua excitación de la repetición. Es vincularse con la realidad y con los demás en la nerviosa tensión por confirmarse a sí mismo. Nuestros prejuicios sobre la realidad hielan la percepción. Nuestros prejuicios sobre la realidad queman de frío la sensibilidad. Nuestros prejuicios sobre la realidad nos condenan a un mundo cristalizado en certezas astilladas, seco de sentido trascendente, desolado de sorpresas. Nada libera más y expande tanto el mundo como la disolución de un prejuicio.
Apropiar es “traer para sí”, para que no pueda ser “de nadie más que de mí”. Apropiarse entorpece el flujo de creatividad con el objetivo de reproducir lo que la imagen de mí mismo necesita para permanecer igual. Apropiarse es una interferencia que congestiona la corriente del universo que propende a lo justo, revela lo verdadero y despliega lo bello.
Apropiarse es condicionar la fuerza de la vida, oponerle a sus propósitos nuestras intenciones.
Apropiarse es la evidencia del miedo en el que se constituye esa sensación de identidad separada que reconocemos como “yo”. El yo no comparte porque teme. El yo no deja libre porque necesita eternizarse. Es egoísta porque sufre miedo. El yo es pobre de amor y por eso anhela ser poderoso. Su anhelo de poder y control se corresponde con su pobreza amorosa constitutiva.
Apropiarse disminuye la posibilidad de circulación. Es confiar sólo en lo que puede ser controlado. Es no dejar libre. Es perder oportunidades creativas para ganar seguridades narcisistas.
Apoderarse restringe amor. Apropiarse es retirar amor de los vínculos, tornar opaco al otro.
El apoderamiento y la apropiación es Leo intentando prevalecer en Escorpio. Es el esfuerzo por conquistar la hegemonía del poder que mantiene hechizado al ego. Es el encanto por la supremacía absoluta que captura a la conciencia cuando permanece replegada en la sensación de ser un individuo separado y, por lo tanto, en conflicto permanente con otros individuos y con la corriente general de la vida.
La voluntad apropiadora es la demostración de la incapacidad constitutiva de ese yo individual conformado en Leo para aceptar la evidencia de que, en verdad, no resulta el centro protagónico del proceso de la vida. Esa identidad personal, ese centro leonino que fue necesario generar en determinado momento del desarrollo de la conciencia para poder diferenciarse de los condicionamientos más regresivos, se presenta ahora, en Escorpio, como obstáculo. El yo, que fuera una estimulante conquista para la realización de la conciencia, se convierte ahora en nuevo condicionamiento. El logro leonino se revela pesadilla escorpiana.
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Antes que controlar el flujo de la vida para perpetuarse a sí mismo, Escorpio pide a Leo entregarse a su propia transformación. La fase escorpiana del viaje de la conciencia simboliza el momento en el que experimentamos una pérdida de identidad que será vivida como muerte psicológica. Escorpio representa un desafío de amor que implica una muerte. Escorpio exige abrirnos a una complejidad existencial. Y, para dar cuenta de ella, el yo es insuficiente e inadecuado. Ese amor y esa muerte es un portal a la evidencia de un orden transpersonal, espiritual, sagrado.
La dimensión del amor necesariamente implica reconocer que el proceso de la conciencia (en el que estamos involucrados como personas individuales) es de naturaleza vincular, no individual.
El proceso de la conciencia es vincular. La individualidad es una fase de ese proceso. El destino de la conciencia individual es descubrirse vincular. El destino del individuo es descubrirse relación.
El amor habilita sentirse partícipe de aquello que no controlo. El control necesariamente muere. El control es una ilusión. El destino del control es la circulación. El sentido de la muerte es la circulación. Todo lo que parece haberse detenido, todo lo que parece haberse asegurado reproducirse a sí mismo por siempre, en algún momento volverá a circular. Todo lo que logra fijarse en una forma, morirá. El destino de lo que se ha separado es volver a reunirse. La omnipotencia -el poder todo- es miedo a la muerte. Es miedo a la circulación. Es miedo al amor.
La identidad separada sólo confía  en sí misma, necesita apropiarse, apoderarse, controlar. Su capacidad de amar esta condicionada por esa desconfianza, por ese miedo. Se siente a sí misma épica para justificarse en ese miedo, para justificar no entregarse (porque entregarse es someterse), para justificar no confiar (porque confiar es ser engañado), para justificar apropiarse (porque sino me lo quitará algún otro).
Sólo ama (confía, se abre) lo que la confirma. Sólo se ama a sí misma.
El yo cree que controlar es un triunfo y dejar circular es derrota.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

El valor de la palabra dada.

                           
Siempre he sido un poco maniática en algunos temas como el de la puntualidad. No respetar la hora en la que se ha quedado lo considero una falta de respeto hacia la otra persona, una forma de jugar con su tiempo y de alguna manera con la organización de sus actividades y con su vida.
palabra dada-compromiso-coachingEsto que en ocasiones puede parecer tan trivial “total 10 minutos”… o “total en un viaje de casi cuatro horas, retrasarse una, o dos, o modificar totalmente la hora de llegada establecida siempre con una u otra excusa” constituye tan sólo la punta del iceberg del poco valor que damos a nuestra palabra y de lo poco que nos importan las personas implicadas. Es como un insulto sin palabras, rectifico, un intento de zaherir a los demás cuando lo que hace quien incumple es recibir un boomerang de la intención de su acción.
En mi formación como Coach, y en nuestros talleres y cursos en coaching e inteligencia emocional, hacemos un especial hincapié en el valor de la palabra. Consideramos la palabra dada como nuestra principal tarjeta de presentación. El valor que doy a mi palabra es mi identidad, define lo que soy, quien soy y como me relaciono con los demás. Define mi credibilidad, mi moralidad, establece si soy o no digno de confianza no sólo en lo personal sino en lo profesional. Mi palabra soy yo. Si algo puede establecer lo que valgo es la credibilidad en lo que digo, por las implicaciones que tiene. Incluso la credibilidad en lo que no comunico verbalmente pero transmito de manera no verbal.
Es cierto que actualmente el valor de la palabra dada está a la baja. Y no sólo de la palabra comprometida verbalmente, sino de la escrita y concertada en cualquiera de los medios de comunicación que nos permiten emitir nuestros mensajes sin tener siquiera que hablar con la otra persona.
Ya no se hace extraño el anular reuniones y conferencias mediante mensajes de e-mail o whatsap, a veces incluso con posterioridad a la hora en la que hipotéticamente deberían haber comenzado. Cada vez es más frecuente el incumplir los compromisos pactados de fechas en la elaboración de trabajos y proyectos conjuntos. De igual modo que la frase “¿dónde está eso escrito?” cuando reclamas una parte de un compromiso en una compra o servicio a alguien a quien suponías de confianza, es cada vez más habitual. Incluso aún sabiendo que se ha elegido como proveedor o patner entre varias ofertas por el valor que suponía la confianza existente.
Sin sonrojos de ningún tipo. Y, generalmente, con la palabra honestidad de manera permanente en la boca de quien tiende a incumplir su compromiso. Ya lo dice el refrán “dime de que presumes …”
A pesar de que la palabra empeñada cada vez es menos sinónimo de garantía debemos esforzarnos en dotar de valor a la nuestra, contribuir a otorgar de nuevoe valor reala los conceptos de honestidad, compromiso, palabra otorgada. No ser solamente tópicos con los que nos expresamos de manera grandilocuente ni que añadimos como valores propios o de empresa. Es necesario generar un clima de confianza alrededor nuestro, y porque no, ser ejemplo.
Desde el tema personal y familiar, no prometiendo ni amenazando a los niños aquello que no vamos a cumplir, para no generar falsas expectativas y posteriores decepciones, ni temores infundados. Debemos contribuir a establecer un clima de confianza, para enseñar a aquellos para quienes somos ejemplo un comportamiento responsable y sincero. Será difícil el pedir a los niños y adolescentes sinceridad y compromiso, si están acostumbrados a que los adultos lo incumplamos de manera sistemática. Es cierto que en ocasiones no somos conscientes de lo que hacemos, prometemos ir al parque o de excursión o al cine, cuando sabemos que posiblemente no podamos hacerlo. Generamos una ilusión y motivamos a hacer algo con la promesa de una recompensa que no damos, no por mala fé, sino por imposibilidad de disponer de tiempo o medios.

Los peligros del "McMindfulness"

     

Los Peligros del “McMindfulness”

Hoy quiero compartir con vosotros algo diferente. Es un artículo que leí hace poco en el Huffington Post acerca de la meditación mindfulness y sus raíces en el budismo.
Photo Credit: Wikipedia
Antes de dejaros con el artículo tengo que hacer un par de aclaraciones: En primer lugar, el artículo trata principalmente de la moda del mindfulness que está actualmente en su cénit en Estados Unidos. Allí, la meditación mindfulness se ha hecho un hueco en prácticamente todos los aspectos de la vida social, como mencionan los autores al principio del artículo. En el mundo laboral español estamos todavía inmersos en la anterior moda americana, el coaching. Hoy por hoy, todo el mundo hace coaching de todos tipos y colores. Si las cosas siguen su curso normal, es probable que la moda del mindfulness se instale dentro de poco en nuestro mundillo, y creo que es importante difundir mensajes de aviso como el que realizan los autores en este artículo.
La segunda cosa que quería deciros es un poco perogrullada, pero es necesaria: no es mi artículo. No son mis palabras. Está escrito por Ron Purser y David Loy y lo he intentado traducir de la forma más fidedigna posible. He intentado respetar las cursivas originales aunque he introducido alguna negrita simplemente por facilitar la lectura de un artículo que es bastante más largo de los que publico aquí.  Los autores son tremendamente claros (brutalmente honestos en algunos puntos), y mi intención es simplemente difundir sus ideas a la gente que no controle el inglés. Aquellos que quieran conocer el original, lo tienen accesible en este enlace.
Por último, si consideras que el artículo es útil, te animo a que lo difundas entre otros practicantes y/o profesionales de meditación. Intentemos que, cuando llegue a España, nos llegue el mindfulness verdadero en lugar del McMindfulness.
Una vez dicho todo esto, os dejo con el articulo de Purser y Loy, que titulan en el original “Beyond Mc Mindfulness“.

Más Allá del McMindfulness, por Ron Purser y David Loy
De repente, la meditación mindfulness se ha convertido en un fenómeno de masas, abriéndose camino hacia escuelas, empresas, prisiones y agencias del gobiernos incluyendo el ejército americano. Millones de personas están recibiendo beneficios tangibles de su práctica de mindfulness: menos estrés, mejor concentración, quizá un poco más de empatía. No es necesario decir que esto es un gran avance que debe ser bienvenido, pero que tiene una sombra.
La revolución del mindfulness parece ofrecer una panacea universal para resolver casi todas las áreas de las preocupaciones diarias. Libros recientes sobre el tema incluyen: Padres mindfulness, Comer (de forma) mindfulness, Política mindfulness, Terapia mindfulness, Liderazgo mindfulness, Una nación mindfulness, Recuperación mindfulness, El poder del aprendizaje mindfulness, El cerebro mindfulness, El camino del mindfulness a través de la depresión, El camino del mindfulness hacia la autocompasión. Casi diariamente, los medios citan estudios científicos que informan los numerosos beneficios para la salud de la meditación mindfulness y cómo una práctica sencilla puede producir cambios neurológicos en el cerebro.
La popularidad creciente del movimiento mindfulness también se ha convertido en una lucrativa industria artesanal. Los consultores promueven la formación en mindfulness prometiendo que mejorará la eficiencia laboral, reducirán el absentismo e incrementarán las habilidades sociales cruciales para el éxito laboral. Algunos incluso afirman que la formación mindfulness pueden actuar como una “tecnología disruptiva”, reformando uncluso las compañías más disfuncionales en organizaciones más amables, compasivas y sostenibles. Hasta el momento, no obstante, no se han publicado estudios empíricos que sostengan dichas afirmaciones.
En sus esfuerzos de promoción, los partidarios de la formación mindfulness habitualmente incluyen en el prólogo que sus programas  están “inspirados en el budismo“. Hay un cierto caché a la hora de decir a los neófitos que el mindfulness es un legado del budismo, una tradición famosa por su antiguedad y sus métodos de meditación probados. Pero, al mismo tiempo, los consultores a menudo aseguran a sus patrocinadores corporativos que su particular marca de mindfulness ha retirado todos los lazos y afiliaciones con los orígenes budistas.
Desligar el mindfulness de su contexto ético y religioso del budismo es un movimiento comprensible para hacer dicha formación como un producto viable en el mercado. Pero la urgencia para secularizar y acomodar el mindfulness a una técnica de mercado puede llevar a una desafortunada desnaturalización de esta antigua práctica, cuyo objetivo es mucho más que aliviar una jaqueca, reducir la presión sanguínea o ayudar a los directivos a estar más centrados y ser más productivos.
Generar una técnica más simplificada y secularizada (lo que algunos críticos empiezan a llamar “McMindfulness“) puede volverla más apetecible al mundo empresarial, pero esta descontextualización del mindfulness de su propósito original de liberación y transmisión de ética social tiene algo de “negocio fáustico“. En lugar de aplicar mindfulness como una forma de despertar a personas y organizaciones de las malsanas raíces de la avaricia, aversión y la ignorancia, habitualmente se moderniza hacia técnicas banales, terapéuticas y de auto-ayuda que en verdad refuerzan esas raíces.
La mayor parte de las opiniones científicas y populares que circulan por los medios han retratado el mindfulness en términos de reducción de estrés y mejora de la atención. Los beneficios de estas habilidades son una herencia sine qua non del mindfulness y es su mayor atractivo para las empresas actuales. Pero el mindfulness, entendido y practicado dentro de la tradición budista, no es meramente una técnica éticamente neutra para reducir el estres y aumentar la concentración. En su lugar, el mindfulness es una cualidad distintiva de la atención que depende y se ve influida por muchos otros factores: la naturaleza de nuestros pensamientos, acciones y palabras, nuestra forma de ganarnos la vida y nuestros esfuerzos para evitar comportamientos poco saludables y desarrollar otros comportamientos que propicien acciones sabias, harmonía social y compasión.
Los budistas diferencian entre el mindfulness correcto (samma sati) y mindfulness incorrecto (miccha sati). La distinción no es moral; la cuestión es si la calidad de la consciencia se caracteriza por tener las intenciones saludables y cualidades mentales positivas que lleven a la prosperidad y al bienestar a los demás y a uno mismo.
De acuerdo con el Canon Pali (las primeras enseñanzas registradas del Buda), incluso una persona que cometa un crimen premeditado y cruel puede estar practicando mindfulness, el mindfulness incorrecto. Claramente, la atención “mindful” y la concentración de un terrorista, un francotirador o un criminal de guante blanco no es la misma cualidad de mindfulness que el Dalai Lama y otros adeptos del budismo han desarrollado. El Mindfulness Correcto está guiado por intenciones y motivaciones que se basan en la contención, estados mentales correctos y conductas éticas, objetivos que incluyen pero superan la reducción del estrés y el incremento de la concentración.
Otro malentendido común es que la meditación mindfulness es un asunto privado e interno. A menudo se comercializa el mindfulness como un método para la autorrealización personal, como una forma de aplazar los problemas y tribulaciones del sofocante mundo laboral. Dicha orientación individualista y consumista hacia la práctica de mindfulness puede ser efectiva para la autoconservación y el desarrollo personal, pero es esencialmente inútil para mitigar las causas del sufrimiento colectivo y empresarial.
Cuando la práctica del mindfulness se paquetiza de esta forma, la interconexión de los motivos personales se pierde. Hay una disociación entre la transformación personal de cada uno y el tipo de transformación social y organizacional que tiene en cuenta las causas y condiciones del sufrimiento en un entorno más amplio. Esta colonización del mindfulness también tiene un efecto de instrumentalización, reorientando la práctica hacia las necesidades del mercado en lugar de una reflexión crítica de las causas de nuestro sufrimiento colectivo o “dukkha social“.
El Buda enfatizó que sus enseñanzas trataban sobre la comprensión y cesación de dukkha (sufrimiento en el sentido más amplio). Así pues, ¿qué ocurre con el dukkha generado por cómo funcionan las instituciones?
Muchos defensores del mundo empresarial argumentan que el cambio transformador comienza en uno mismo. Si la mente de cada uno pudiera estar más centrada y en paz, entonces la transformación social y empresarial vendría después. El problema con esta formulación es que las tres motivaciones que el budismo señala (avaricia, odio e ignorancia) hoy por hoy no están confinadas a las mentes individuales sino que se han institucionalizado en fuerzas más allá del control personal.
Hasta el momento actual, el movimiento del mindfulness ha evitado cualquier consideración seria de por qué el estrés es tan generalizado en las modernas instituciones empresariales. En su lugar, las empresas se han subido a la moda del mindfulness porque desplaza, de manera muy conveniente, la carga de la responsabilidad al individuo: el estrés se encuadra dentro de un problema personal y el mindfulness se ofrece como la medicina correcta que ayuda al empleado a trabajar de manera más calmada y eficiente dentro de un entorno tóxico. Envuelto en un aura de cuidado y humanidad, el mindfulness se pone de moda como una válvula de escape, una manera de liberar la tensión, una técnica para afrontar y adaptarse al estrés del mundo laboral.
El resultado es una versión atomizada y altamente privatizada de la práctica de mindfulness, que se ha confinado en lo que Jeremy Carrette y Richard King (en su libro “Vendiendo Espiritualidad; la conquista silenciosa de la religión“) describen como una orientación acomodaticia. La formación en Mindfulness resulta atractiva porque es un método de moda para suavizar el disconfort de los empleados, promoviendo una aceptación tácita del status quo y un instrumento para mantener la atención centrada en los objetivos empresariales.
En muchos aspectos, la formación del mindfulness en las empresas (con su promesa de que empleados más calmados y menos estresados serán más productivos) tiene muchas similitudes con el movimiento, actualmente desacreditado, de las “relaciones humanas” , populares en las décadas de 1950 y 1960. Esos programas de formación fueron criticados por su uso manipulador de las técnicas de asesoramiento como las de “escucha activa”, establecidas como un método de pacificar a los empleados haciéndoles sentir que se oían sus preocupaciones aunque las condiciones laborales permanecían inalteradas. Esos métodos terminaron siendo conocidos como “Cow psychology”  porque las vacas (Cow en inglés) dóciles producen más leche.
Bhikkhu Bodhi, un monje budista occidental ha advertido: “Ausentes de critica social aguda, las prácticas budistas pueden ser fácilmente utilizadas para justificar y estabilizar el estatus quo, convirtiéndose en un refuerzo del capitalismo consumista“. Desafortunadamente, un punto de vista del mindfulness más ético y socialmente responsable se percibe hoy como una preocupación secundaria, o como una politización innecesaria del viaje personal de auto-realización.
Uno tiene la esperanza de que el movimiento del mindfulness no siga el camino habitual de la mayoría de modas empresariales – entusiasmo desenfrenado, aceptación sin crítica del status quo y desilusión final. Para convertirse en una fuerza genuina para la transformación positiva personal y social, debe reclamar un marco ético y aspirar a propósitos más nobles que tengan en cuenta el bienestar de todos los seres vivos.

El narcisismo. epidemia de nuestro tiempo


Excesivo individualismo, culto a lo privado, ansia de éxito, de imagen y de poder... Vivimos en la "cultura del yo", en "la generación de Narciso". Atrás queda la solidaridad, "la pasión por el nosotros". ¿Cómo se cura esta enfermedad?
José Luis Trechera Herrera
Cada contexto social crea su propio estilo de vida, una determinada jerarquía de valores, diversas pautas de comportamiento y sus propias patologías. El trastorno narcisista de la personalidad es una alteración típica de nuestro modo de vida. Dos influencias claves han propiciado el desarrollo actual del narcisismo. Por un lado, el contexto norteamericano y por otro, el enfoque filosófico de la postmodernidad. El trastorno narcisista se caracteriza por varios rasgos: imagen distorsionada de uno mismo, maquiavelismo, dominancia-poder, exhibicionismo y falta de empatía. Las consecuencias negativas del estilo de vida narcisista, desde un punto de vista psicológico y sociológico, son obvias.

"Todo narcisismo/es un vicio feo/y ya viejo vicio". (Antonio Machado). Hace algunos años Hollywood nos deleitó con una película en la que se planteaba la lucha de una chica sordomuda por hacerse un hueco en un mundo pensando para "normales". Desde su "inferioridad" lanzaba la pregunta: ¿acaso era hija de un Dios menor? El análisis de la realidad social nos hace caer en la cuenta de un tipo de individuos, los narcisistas, que en su vivir, pensar y actuar manifiestan ser hijos de un Dios privilegiado sobre el de los demás mortales.

Desde diversos campos se afirma que la sociedad actual puede estar viviendo el momento de apogeo del narcisismo como tema central de la cultura. Al mismo tiempo, los psicólogos constatan que los pacientes que acuden a ellos en busca de ayuda han cambiado en cuanto a sus padecimientos. Hoy es poco frecuente encontrar las neurosis de conversión, las histerias clásicas, que se distinguían por la parálisis de los miembros, la pérdida de la voz o la visión, etc. Tampoco se presentan grandes fobias y obsesiones, etc.

En la actualidad, se responde a nuevos perfiles en los que podemos destacar dos tipos de demandas. Por un lado, los trastornos depresivos: individuos con tristeza vital, apáticos, sin ganas de vivir. Por otro lado, sujetos engreídos, egocéntricos, manipuladores, socialmente destructivos, con gran necesidad de obtener admiración y prestigio sobre los demás, pero que a su vez, presentan una fuerte sensación de pérdida de su yo, con relaciones interpersonales superficiales e insatisfactorias, percibiéndose vacíos y sin sentido. Kohut definió tal tipología como trastorno narcisista de la personalidad.

Los trastornos narcisistas se presentan como un malestar difuso que lo invade todo, un sentimiento de vacío interior y de absurdidad de la vida. La crispación neurótica se sustituye por la flotación narcisista. Y al acercarse a la terapia, la actitud de estos pacientes no es la de quien está pidiendo ayuda, sino la del que inicia un espectáculo en el que va a exhibirse. Durante las sesiones realizarán un gran esfuerzo por invertir los papeles psicólogo-paciente. "¡Qué suerte por tenerlo a él en la consulta!" está en el pensamiento de muchos. Lo importante es que no sea el terapeuta el que pague los honorarios al cliente...

El contexto social norteamericano

Como en otros muchos temas, el estudio del narcisismo se empezó a incubar en el contexto norteamericano. Desde los años 60, diversos autores expresan con diferentes conceptos una misma realidad: "generación del Narciso", "la década del yo mismo", "la generación del yo", "la era del narcisismo" o "la cultura del yo".

En esta perspectiva destaca la obra de Lasch, "La cultura del narcisismo". Según él, cada época desarrolla su propia forma particular de patología y así, la cultura y personalidad narcisista caracterizarían a nuestro tiempo como la represión a la época de Freud. El narcisismo sería el principal síntoma del declive y crisis del capitalismo. Es decir, el hombre psicológico actual sería el producto final del individualismo burgués. Fruto de ello serían el espíritu competitivo y el excesivo individualismo, la cultura de la diferencia que separa y enorgullece a una élite, el desarrollo de lo propio o privacidad, la incapacidad para aceptar la vejez o la limitación humana, y la necesidad de triunfo y reconocimiento que se observa en las relaciones comerciales, humanas, en el deporte, etc. La cultura del narcisismo reflejaría las condiciones materiales de la vida en sociedad y especialmente de las sociedades postindustriales, en las que el nivel y situación sociales dependen menos de la producción que del consumo.

Mazlish sugiere la idea de la democratización del narcisismo. Este no sería ya sólo propiedad de una élite social o artística, sino que la estructura social y la cultura dominante ha desarrollado un prototipo de hombre narcisista, individualista y centrado en sí mismo. Es sugerente el análisis de la sociedad norteamericana realizado por Nelson en 1977. Esta, después de la Segunda Guerra Mundial, habría sufrido un importante cambio: de la madurez de la época victoriana habría regresado a la absorción narcisista propia de los adolescentes. Las revueltas juveniles de los años 60 y el movimiento hippy se explicarían como la protesta adolescente contra la autoridad y la tradición que la sociedad mantenía. El rechazo de la cultura representa un esfuerzo por construir una realidad propia. Sin embargo, esta construcción presenta unas connotaciones determinadas. La elección del término flower children refleja la creación de un mundo de niños, infantil, centrado en sí mismo, con una reacción activa contra sus padres y la sociedad.

En la misma línea, diversos estudios llaman la atención sobre la importancia que adquiere el tema del narcisismo en los libros, producciones televisivas o cinematográficas que han sido éxitos de venta y audiencia en Estados Unidos en estos últimos años. Las películas de Woody Allen son un buen ejemplo. El protagonista, centrado en sí mismo, al exhibir sus preocupaciones hipocondríacas, obsesionado por la situación material, al describir sus "complejos", al tener como único objetivo de su existencia el inicio de las próximas vacaciones, etc., demuestra que es posible vivir, no ya sin valores trascendentes, sino sin salir de sí mismo.

La patología narcisista aparece como un fenómeno específico resultado de las presiones de la sociedad moderna. El narcisismo se presenta como la patología arquetípica de nuestro tiempo. Se insiste en el peligro del excesivo amor a sí mismo, considerando este hecho como una erosión general de confianza en la civilización, que llega a convertirse en una enfermedad de la sociedad. Para unos, la conducta narcisista cumple la misma función que los síntomas histéricos frente a la represión sexual de la sociedad victoriana a finales del siglo XIX. Para otros, el narcisismo aparece como uno de los factores principales asociados a trastornos psíquicos.

El contexto europeo: la postmodernidad

El narcisismo no es un fenómeno exclusivo del modo de vida estadounidense. El contexto cultural europeo no es ajeno a la situación descrita. La postmodernidad ha reforzado el modelo de hombre narcisista. Hoy en día se potencia el individualismo, se ha producido la segunda revolución individualista, se suple la ética por la estética, de la implicación y compromiso personal se ha pasado a la sociedad del contrato temporal, del gran fragmento (grandes valores) se ha desembocado en el pequeño fragmento. Ya no hay historia, ésta sólo existe en los libros de texto. Sólo se dan acontecimientos sin ninguna conexión entre sí.

Desde esta perspectiva, el ser humano se presenta sin futuro. No tiene proyecto ni hay caminos que le lleven a un fin. Ya no tenemos horizonte donde ubicar lo real. Se ha producido el crepúsculo de los ídolos, vivimos en el tiempo cumplido, y al no tener un cuadro de referencia definido, se propicia un vagabundeo incierto. Actualmente no hay cabida para las cosmovisiones totalizantes, estamos atrapados por lo inmediato, sumidos en el "éxtasis de la polaroid", que conduce a vivir en la superficie de lo que hay, en la "cosmovisión del bricolage", que se caracteriza por la especialización y el auge de lo pragmático-funcional.

Para los autores postmodernos lo general violenta lo particular y propio de cada individuo. Sin proyecto global, cada sujeto será protagonista y único capaz de decidir sobre su propio destino. De ahí que para salvar al individuo, sea necesario un adelgazamiento de las ataduras que no liberan al sujeto y para conseguir ese objetivo, es fundamental potenciar un individualismo light que desarrolle individuos autónomos, creativos y sumergidos en la vivencia del ahora.

El hombre actual desconfía del mito de Prometeo, tan exaltado en el siglo pasado - Fichte lo escogió como símbolo de su ideología, Goethe le dedicó una oda y un fragmento dramático y Marx lo situó en un lugar distinguido entre los santos y mártires. ¿Para qué nos han servido los grandes ideales? Algunos de su efectos son conocidos -las guerras mundiales, la destrucción del medio ambiente -. Según el análisis postmoderno, de la alegría y esperanza prometeica se pasó al sentido rutinario y esclavizante de Sísifo - Camus creía que el mito de Sísifo era el símbolo más adecuado para describir el momento histórico en que vivía, la mitad del siglo XX - para desembocar posteriormente en el refugio privado e íntimo de Narciso. La conclusión es clara: ¿de qué podemos ocuparnos seriamente hoy en día, como no sea de nuestro equilibrio físico y psíquico?.

Se ha producido el fin del homo politicus para dar lugar al nacimiento del homo psicologicus obsesionado por la búsqueda de su ser y su bienestar. Narciso ya sólo trabaja para la liberación de su Yo, y para ello no dudará incluso en renunciar al amor. Su nuevo programa revolucionario será: amarme a mí mismo es suficiente como para no necesitar otra cosa para ser feliz. No es raro, por tanto, que a partir de los años 70 se haya desarrollado todo un movimiento de crecimiento personal: cursillos de sensibilización, autoconocimiento, autoestima, control mental, bioenergética, etc. Cada uno se convierte en el ombligo del mundo, a la búsqueda del Yo perdido. El propio hedonismo se personaliza y se vuelve narcisismo psi.

El mito de Narciso

El narcisismo es un concepto del que se usa y abusa. Sin embargo, ¿de qué hablamos cuando hablamos del narcisismo? Para definir qué entendemos por narcisismo, y más en concreto por trastorno narcisista de la personalidad, puede ser interesante que volvamos a los orígenes. ¿Qué nos quería decir el mito de Narciso?

El mito de Narciso nos ha llegado a través de diversas fuentes, siendo la versión más antigua la que se debe a Ovidio. Dada la enorme difusión de este autor, es la única que ha prevalecido frente a las demás (Conón, Pausanías, etc.) y la que ha llegado hasta la actualidad, bien directamente o a través de recopilaciones o compendios que tuvieron un gran éxito en la Edad Media.

En el libro III de su "Metamorfosis", Ovidio (43 a.C.) cuenta en 170 versos la historia del desdichado Narciso. Narciso es fruto de la violación del río Cefiso a la ninfa Liríope. El famoso adivino Tiresias le vaticinó un triste destino al revelar a su madre que viviría una larga vida si no llegaba nunca a conocerse a sí mismo. Desde su adolescencia, su extraordinaria belleza atrajo a numerosas muchachas y mancebos. Destaca entre sus pretendientes por su apasionado amor la ninfa Eco, quien no podía expresarle sus sentimientos, ya que sólo repetía los últimos sonidos de lo que oía. El orgullo de Narciso le hará rechazar, con desprecio e indiferencia, a todos los que le aman. Uno de los desdeñados pedirá clemencia y castigo a los dioses. Némesis, diosa de la venganza, no se hará esperar. Cuando venía fatigado de una cacería, Narciso se inclina a beber en una fuente y la cólera divina hace su efecto: el joven se enamora de aquel que creía ver a través del agua. Después de abrazarlo y besarlo, percibe que el que ve en la fuente no es otro que él mismo. Narciso perecerá a causa de su pasión.

"Vivirá si no conoce quién es"

En el siglo I a.C. y en la XXIV de sus "Narraciones", Conón expone una historia diferente del mito. Narciso nació en Tespias (Boecia). Su hermosura provocó que tuviera muchos pretendientes a los que no hizo caso. La maldición de Narciso se ejecutó ante el rechazo a un muchacho, Aminias. Despreciándolo, Narciso le envió una espada para que se diera muerte. Este obedeció pero antes de morir le maldijo. No aparece en esta narración la ninfa Eco, la cual es sustituida por Aminias. La homosexualidad ocupa en esta versión un lugar destacado. En la "Descripción de Grecia", Pausanías realiza una racionalización del mito. Narciso tendría una hermana gemela y al morir ésta, apenado, se pasa los días contemplándose en las aguas, ya que la imagen borrosa de su propio rostro le recordaba la de la hermana muerta, creyendo los demás que estaba enamorado de sí mismo. El desenlace final de la historia será distinto según las diversas leyendas. Para unos, el cuerpo de Narciso se transformó en el río que llevaba su nombre. Para otros dio lugar al nacimiento de la flor del narciso.

¿Qué elementos podemos extraer de estas narraciones? En líneas generales, el mito de Narciso es descrito como la gran negación o rechazo. Por ello, el narcisismo se revelará como negatividad y falta. Por un lado, Narciso no es consciente de su propia realidad - etimológicamente, Narciso significa "el atontado". Nace de una violencia. Nunca ha conocido a su padre y según el oráculo, "vivirá si no conoce quién es". Es el proceso opuesto al "conócete a ti mismo" socrático. Sobrevivirá sólo si mantiene una "imagen distorsionada de sí". Su actuación recuerda el estilo histérico: Narciso es incapaz de mantener una atención focalizada en sí mismo. Sólo vive de impresiones y por ello no sabe quién es, ni cómo se siente.

Incapaz de amar a otro que no sea él mismo

El mito de Narciso no es un simple relato de autoerotismo excesivo, sino de ausencia de interacción social, que se refleja en las siguientes manifestaciones:

* Narciso rechaza todas las relaciones de amor. Marcuse lo describe como el antagonista de Eros, ya que desdeña el amor que posibilita la unión con otros seres humanos y lo asocia a Orfeo en esa negación de Eros. Ante una cultura que pide esfuerzo y solidaridad - cuyo representante sería Prometeo - se cierra en sí mismo y se aísla del entorno. Sin embargo, vive con gran pasión para un eros propio, ya que, en principio, no sabe que la imagen que admira es la suya. En la Edad Media se desarrollará esta idea desde la perspectiva del "alma encerrada en sí misma".

* Narciso presenta una nula empatía o capacidad de captar los sentimientos y la realidad externa. En la narración, la ninfa Eco simboliza la ausencia de empatía. Siempre responde, pero distorsiona todo. No puede ofrecerle una respuesta empática efectiva a Narciso.

* Narciso es descrito como un sujeto orgulloso y soberbio que desprecia a los demás. Según Ovidio, "no hubo jóvenes, no hubo muchachas que tocaran su corazón". Tal actitud refleja agresividad y destrucción en su relación con los otros. No sólo no acepta su amor sino que los rechaza despectivamente y provoca la eliminación de sus amantes - envío de la espada para que se provoque la muerte -. Ese desprecio le impedirá aceptar nada de su entorno, lo que conlleva rechazar también lo útil y positivo que los otros le puedan aportar. Narciso está atrapado contemplando algo que subjetivamente cree que es externo a sí, pero que en términos objetivos es el aspecto idealizado de su propio yo. Cree que está enamorado. Sin embargo, muere porque no puede apartarse y dirigirse a un ser real del que podría obtener lo que en verdad necesita.

* En Narciso no se trata de una cuestión de autoamor sino del amor por una imagen especular que se confunde trágicamente con un sujeto real. El castigo consiste en la incapacidad para amar seres reales. Narciso desea ardientemente a la ninfa Eco. Ella le ayuda a salir del bosque . A Narciso le complace oírla y verla, pero cuando la ninfa quiere abrazarlo retrocede horrorizado. Tras una fachada de rigidez e indiferencia se esconde la auténtica realidad: la incapacidad para poder expresar afecto y sentimientos. Narciso se presenta como una máscara caracterizada por su falta de vida en la mirada. No hay luz en sus ojos, opacos. Su expresión recuerda la de ciertos pacientes esquizofrénicos que presentan una mirada perdida o vacía. Narciso es incapaz de pronunciar la frase "te veo", no puede contemplar nada que no sea él mismo.

* Ese temor a la relación directa con los demás, a manifestar y recibir afecto, el miedo al abrazo y al contacto físico aparece relacionado con la vida temprana de Narciso. Excepto en la descripción de Pausanías, Narciso es presentado como hijo único, fruto de una violación. Por tanto, no cuenta con padres o hermanos para su desarrollo psíquico. Todo lo que sabemos de su madre es que le preocupa el destino futuro de su hijo y por ello busca al vidente Tiresias.

* El desenlace de Narciso no se deja esperar: la muerte es consecuencia de ese aislamiento. Ovidio subraya que ese reconocimiento le lleva a una fragmentación de sí mismo, en el momento en que sus lágrimas, al caer en el lago, deshacen su imagen. El rechazo de toda relación de amor provoca la desintegración del sujeto y la imposibilidad de vivir, ya que es incapaz de aceptar la realidad tal cual es. El resultado final de su actuación se expresa simbólicamente como un retroceso de lo humano: Narciso se transforma en flor - deslizamiento hacia atrás de la especie humana a vegetal -, sirviéndose para ello del agua o del espejo - símbolos presentes en todas las versiones del mito -, que representaría el seno materno hacia el cual volvería. Narciso niega su verdadero yo y busca fundirse con la imagen que ve. La muerte es la consecuencia lógica de la fijación en un falso yo.

La moraleja de las diversas historias aparece clara: no puede el sujeto conocerse y reconocerse a sí mismo verdaderamente sino a través del conocimiento y reconocimiento del otro. Cuando se cierra en sí mismo y rechaza a los demás, pasa a tener como único reflejo su propia figura, situación destructiva y mortal.

Con "complejo de Dios"

Havelock Ellis utilizó por primera vez en 1898 el término narcisismo para describir la tendencia a estar enteramente absorto en la admiración de sí mismo. Un año después, Nake empleará el concepto narcisismo para referirse a una perversión sexual, la de una persona que trata a su propio cuerpo como objeto sexual. A partir de ahí, se han realizado descripciones patológicas de un trastorno en el que se incluía la grandiosidad, el deseo de gloria, la incapacidad para amar a otro, el egocentrismo, la nula empatía, la problemática en la relación social, el exhibicionismo, etc., relacionando estos rasgos con una cierta patología narcisista.

Jones describe individuos con "complejo de Dios", que se caracterizarían por una excesiva admiración por sí mismos, una gran confianza en sus poderes, conocimiento y cualidades tanto físicas como mentales, con fantasías de omnipotencia, exagerado deseo de ser amados, recibir elogios y admiración. Freud profundizará en el concepto de narcisismo, lo planteará como una etapa del desarrollo y lo relacionará con diversas patologías: la homosexualidad, la esquizofrenia - megalomanía y desinterés por el mundo externo -, la hipocondría - centrado en su propio cuerpo -, etc.

Insaciable necesidad de admiración

Tras la aportación freudiana, se insistirá en el componente patológico. En 1925, Waelder fue el primero en plantear un caso clínico de un individuo que presentaba una personalidad narcisista, en la que destacaba la superioridad, la intensa preocupación por su persona y la nula conciencia de los demás. Fenichel describe "el don Juan del éxito", personas que sienten la compulsión de correr tras los éxitos y en los que su necesidad narcisista les exige verificar constantemente la capacidad de excitar a las mujeres. Reich desarrolla el carácter "fálico-narcisista" que dará lugar a sujetos ambiciosos, impulsivos, agresivos y arrogantes. Nemiah se centra en personas con "alteración de carácter narcisista", que destacan por una gran ambición, por aspirar a metas altas y poco realistas, por la intolerancia a las críticas y por una casi insaciable necesidad de admiración. Tartakoff describe individuos con "complejo de premio Nobel", caracterizados por su ambición por ganar algún premio o conseguir riquezas, ganar un Oscar o ser Presidente, de modo que sus fantasías de poder y de ser especiales les hacen actuar en su relación con los demás a través del mecanismo de "todo o nada".

Hasta Kohut (1968) y Kernberg (1970) no se denominará este conjunto de rasgos como trastorno narcisista de la personalidad. Para ambos autores, los sujetos con trastorno narcisista de la personalidad destacarían por una excesiva absorción en sí mismos, ambición intensa, fantasías de grandiosidad, necesidad de ser admirados por sus cualidades y falta de empatía. Son sujetos que presentan sentimientos crónicos de aburrimiento, vacío e incertidumbre acerca de su identidad, y en su relación con los demás se caracterizan por la explotación de los otros y por sentimientos de envidia, defendiéndose contra tal envidia con la devaluación, la omnipotencia y el control de los demás.

La Asociación Americana de Psiquiatría, haciéndose eco del interés clínico que ha ido suscitando el trastorno lo incluye en 1980 en su clasificación de enfermedades mentales. Este trastorno narcisista de la personalidad se describe a partir de la presencia de una serie de criterios diagnósticos: pauta generalizada de grandiosidad, falta de empatía, hipersensibilidad a la evaluación de los demás y diversas alteraciones de las relaciones interpersonales: tendencia a la explotación interpersonal, sentimiento de categoría especial, solicitud de atención y admiración constantes, etc.

Esta descripción del trastorno narcista se refiere casi en su totalidad al contexto social americano o anglosajón. Teniendo presente las diversas definiciones, nos planteamos investigar cuáles de tales rasgos caracterizarían el narcisismo en otros contextos. A partir de una investigación y de diversas pruebas estadísticas destacamos una serie de rasgos como típicos del trastorno narcisista de la personalidad en otros contextos, como el español. Serían: una imagen distorsionada de uno mismo, el maquiavelismo, la dominancia-poder, el exhibicionismo y la falta de empatía.

Imagen distorsionada: el centro del mundo

"Soy una persona importante, mejor dicho: importantísimo. Soy el centro del universo y los demás existen para dar vueltas alrededor mío" (Rocchini). Los sujetos narcisistas se caracterizan por la inflación de la autoestima, la megalomanía o la grandeza del yo, que se traduce en egocentrismo, en sentimientos de omnipotencia, omnisciencia y poder especial. Ya Freud entendía la "hiperestimación" como un "estigma narcisista". A través de este sistema megalomaníaco se presenta una valoración de sí desmedida, que implica una idea de "categoría especial", un sentimiento "grandioso de la propia importancia" que les lleva a creer que tienen especiales talentos y habilidades. Los narcisistas suponen que sus problemas son únicos y que sólo podrán ser entendidos por otros individuos especiales. No es que, por ejemplo, digan mentiras conscientemente, sino que están convencidos de su posición superior y de la veracidad de su falsa realidad.

Un rasgo típico de la personalidad narcisista será la percepción egocéntrica de la realidad, a través de la cual sólo acepta aquella realidad que refuerza su propia grandiosidad. La realidad es aceptada sólo si tiene la función de espejo que devuelve una imagen positiva. Consecuentemente, negarán aquellos aspectos de la realidad que cuestionen su importancia o perfección. Así, his majesty the baby se convierte en el centro del mundo y del universo. Estos sujetos están preocupados por la comparación con los otros - la megalomanía conlleva la comparación, el tener que sentirse más grande que los demás - y por sentimientos de envidia.

El individuo narcisista está preocupado por fantasías de éxito, poder, brillo, belleza o amor ideal ilimitados. Presentan una gran ambición y altas expectativas no realistas. Esta situación les hace vivir una exaltación hipermaníaca, caracterizada por una excesiva omnipotencia y omnisciencia, sentimientos de placer por la existencia y un pronunciado optimismo. El sujeto siente todas las cualidades de perfección, gloria y triunfo. Grunberger llama a este estado "la alegría de vivir". Un paciente expresaba: "Cuando ando por la calle, tengo la sensación de que la gente se para a mi alrededor, como si las aguas del Mar Rojo se abrieran para que la atravesaran los judíos".

Estos individuos presentan una deformación narcisista del lenguaje. Una manifestación de la imagen distorsionada es el uso egocéntrico del lenguaje, que denota una desviación en la comunicación verbal, en la que el principal objetivo es impresionar y aumentar su autoestima más que comunicar. Vangelisti y otros se refieren al "narcisismo conversacional", que se caracteriza por un centramiento extremo en sí mismo en la conversación, con la exclusión de todo aquello que concierne a otro. Tal actitud se manifiesta en un uso excesivo del pronombre personal singular yo frente al pronombre personal en plural nosotros.

Otras consecuencias de su deformada imagen se pueden observar en comportamientos de la vida ordinaria: prepotencia ("usted no sabe quién soy yo") o exigencias de trato especial (¿cómo van a esperar su turno en una cola? ¿cómo les hacen perder segundos de su tiempo?). En ningún momento se les podrá contradecir o cuestionar.

Maquiavelismo: vale todo

"Sus habilidades eran útiles más que brillantes: firmeza para conseguir sus fines, flexibilidad para modificar sus intenciones, y sobre todo, el gran arte de someter sus propias pasiones, igual que las de los otros, al interés de sus ambiciones y colorear sus ambiciones con las más aparentes pretensiones de justicia y utilidad" (Gibbons).

"En las acciones de los hombres se atiende al resultado. Trata, pues, un príncipe de vencer y conservar su Estado y los medios siempre serán juzgados honrosos y ensalzados por todos" (Maquiavelo).

El texto de Gibbons pertenece a su obra "La caída del imperio romano" y se refiere al emperador Diocleciano. Podría ser utilizado para describir la actuación de muchos líderes políticos, sociales o religiosos. Se suele observar que el ser humano, con tal de obtener éxito, prestigio y poder, es capaz de vender su alma al diablo, actuando de una manera maquiavélica.

Aunque Maquiavelo nunca utilizó la frase "el fin justifica los medios", ha pasado desgraciadamente a la posteridad como el inspirador de un modo de actuar en el que para conseguir lo que se pretende se pueden emplear todas las estrategias que se crean más idóneas.

El modo de obrar maquiavélico se traduce en una tendencia a ver a los otros como extensiones de uno mismo. El narcisista se caracteriza por la manipulación y la utilización de las demás personas y situaciones en beneficio propio. Los sujetos narcisistas suelen afirmar: "Esto es bueno para mí" y presentan una conciencia corruptible, en contraste con la moral rígida de la personalidad obsesiva. Estas personas son fieles reflejos de la era del plástico, de la era del usar y tirar. En su relación con los demás, funcionan como si tuvieran un mando a distancia y pasan como sobre brasas, rápida y nerviosamente, por todos los canales - personas -, según les interese o plazca.

En el contexto español se ha acuñado el término de la cultura de pelotazo, (del cañonazo) en Nicaragua - en la cual todo vale con tal de conseguir lo que uno quiere. Adela Cortina describe esta situación como la "ética del camaleón", según la cual lo importante es situarse en cada momento oportunamente. Lo fundamental es obtener éxito y éste se manifiesta casi exclusivamente en una supermillonaria cuenta financiera. El objetivo será hacer ganancias económicas y el estilo de vida se reduce a una cuestión aritmética: "el bien es el ingreso, el triunfo; el mal es perder, el fracaso". El escritor Antonio Gala dice que el español actual "no adora el becerro de oro sino el oro del becerro"...

Dominancia - poder: todo bajo control

"Yo lo soy todo. El mundo es sólo el escenario en el que obtener -utilizando a los demás - el propio placer" (Rocchini).

Es sugerente el estudio que realiza el psiquiatra italiano Rocchini sobre la clase política en Italia. No es extraño que llame a su trabajo "La neurosis del poder". Otras realidades no quedan muy lejanas de la italiana. Si nos acercamos a cualquier librería y hacemos un recorrido por los libros expuestos, destacaríamos títulos como: "Asalto al poder", "Duelo de titanes", "Banca y poder", "El último magnate", "Los secretos del poder", "Banqueros de rapiña", "El césar", "Los hijos del césar"... No podemos negar que todo lo relacionado con la intriga y el poder están de moda.

Los individuos narcisistas expresan conductas que tienen por objetivo el control de los demás. La omnipotencia del pensamiento implica la posibilidad de ejercer influencia sobre los objetos o el mundo circundante, lo que requiere negar la existencia del otro en cuanto que éste supone un principio de limitación de esa omnipotencia. La persona narcisista necesita y busca poder para contrarrestar la deficiencia de su propia realidad. Poder y control son dos caras de una misma moneda que utiliza para compensar y proteger su propia vulnerabilidad. El narcisismo es sinónimo de poder, el cual puede manifestarse o dependiendo de los demás o sometiendo a los demás a su voluntad. Sentimiento de tener derecho sobre otros, que implica unas expectativas de privilegios especiales respecto a los demás y una especial inmunidad ante las normales demandas sociales. Se traduce en orgullo, engreimiento y conciencia de exigir derechos propios.

Parásitos, tiranos, vengativos

Los narcisistas son sujetos ávidos de veneración y que no soportan en absoluto el más mínimo cuestionamiento de su posición dominante. Por ello, estos individuos ensayan diferentes métodos de parasitar o invadir el espacio psíquico de otros individuos, a fin de exaltar su propia omnipotencia. Son sujetos que reclaman admiración en todos y cada uno de sus rasgos y a su vez, exigen que se les considere en el grado máximo de perfección, como seres únicos, sin permitir que el objeto externo pueda dirigir su mirada de reconocimiento a nadie más. Establecen una relación tiránica, intentando forzar a los otros a que les brinden su admiración incondicional mediante el control sobre sus actos o pensamientos.

La desmesurada imagen de sí mismo le hará reaccionar a las críticas con un sentimiento de rabia, vergüenza o humillación, aunque no siempre lo exprese. Según Fromm, no hay furia más grande que la de un narcisista a quien se haya herido en su narcisismo. Perdonará cualquier cosa menos que le ofendan en su narcisismo. Aunque no lo demuestre, querrá vengarse porque tal acción es como matarlo. No aceptará la más mínima disidencia de aquellos que puedan estar a sus órdenes.

Freud hablaba del "narcisismo de las pequeñas diferencias", que se evidenciaría en la tendencia a suprimir al que es diferente de uno mismo , como en las guerras de religión o en muchos otros fenómenos de exasperada intolerancia, lo que lleva paradójicamente a odiar más a quien se aleja de manera mínima de la identidad de uno o del grupo, que a quien se aleja de ella más ampliamente. Freud ponía como ejemplo la milenaria conflictividad entre árabes e israelitas, ambos semitas y ambos pertenecientes a grandes religiones monoteístas, para expresar que una ligera diferencia de identidad es más amenazante para la integridad de sí mismo que una gran diferencia. Tal conducta se observa en determinados grupos cerrados en sí mismos o sectarios, sean políticos, religiosos o sociales, que anulan al antiguo discípulo rompiendo todo tipo de relaciones con él. De la anterior comunidad de vida se pasa al odio y a la indiferencia más absoluta, por haberse permitido disentir de la norma grupal.

Una persona envidiosa se siente siempre perseguida, pues cuando ataca envidiosamente a sus objetos, éstos, a través de la proyección, dejan de ser amorosos y se convierten en objetos persecutorios envidiosos. La persona envidiosa manifiesta ansiedad ante sus propias posesiones, ya que cree que los demás le tendrán envidia y se las quitarán. Su envidia crónica le hace incapaz de aceptar un apoyo genuino y real de su entorno.

Los sujetos narcisistas viven en una gran paradoja: necesitan mucho de los otros, pero son incapaces de aceptar su ayuda. En expresión de Kernberg, ésa es "la gran tragedia" de las personas narcisistas: son incapaces de mostrar un normal sentimiento de gratitud y devalúan al que les ofrece algo y la propia oferta. La existencia de la envidia es incompatible con la de un yo grandioso. La persona narcisista es incapaz de reconocer su envidia y utiliza el mecanismo de la devaluación de las cualidades de los otros para defenderse de su envidia y, de esa manera, aumentar su imagen grandiosa. Por un lado, se muestra intolerante ante las críticas, ya que éstas implican una demanda de cambio personal. Y por otro, aparece suspicaz, desconfiado, envidioso y con celos hacia lo que los otros tienen. La envidia le hace sentirse hostil y grosero con su entorno. La lógica que impera es la de la disyunción excluyente: "o yo o el otro".

Exhibicionismo: él es el mejor

En su análisis de la sociedad española actual, Alfonso Ussía describe una nueva especie de la fauna humana: el homo sapiens inalambricus, que se caracteriza por airear todas sus pasiones y sentimientos en público. No sólo no tiene ningún tipo de pudor, sino que le encanta exhibirse ante su posible auditorio.

El narcisismo puede ser definido como la conducta motivada por el placer de ser admirado. El exhibicionismo narcisista es la expresión clínica de la necesidad infantil de admiración, que se traduciría en el excesivo deseo o necesidad de atención y admiración, en una tendencia a presentarse como único y exclusivo. Las personas narcisistas se caracterizan porque su actividad se dirige primeramente a obtener el máximo de aclamación y aprecio. Su motivación para trabajar es exhibirse. Estos sujetos presentan, por esto, una tendencia especial hacia la ocupación social, eligiendo profesiones en la que puedan recibir gratificaciones públicas.

Se suele poner como ejemplo de esta dimensión exhibicionista al personaje del film "Casanova" de Fellini en una secuencia que lo refleja plenamente: Casanova es empujado, ante la presencia de los asistentes a una fiesta, a competir con un criado para determinar quién es capaz de tener más relaciones sexuales en un tiempo determinado. Toda la gimnasia sexual del héroe se realiza sin ningún goce erógeno y, al finalizar la competición en la que resulta triunfador, es patético el contraste entre su júbilo narcisista y el dolor de su compañera ocasional, simple medio para probar la superioridad narcisista de Casanova.

Esa necesidad de continua aprobación exige un gran esfuerzo. El yo grandioso es un insaciable consumidor de experiencias externas. Ningún detalle puede quedar olvidado: desde preocuparse por la apariencia corporal hasta la lectura del último autor de moda. No olvidemos que su objetivo no es el ser sino la pose. Tiene miedo a su interior, a profundizar en sí mismo y, por ello, sólo le preocupa la apariencia. Esos esfuerzos conllevan un costo psicológico que aumenta la debilidad y fragilidad de la personalidad narcisista.

Falta de empatía: sin emociones

"Hitler mostraba la seguridad de sonámbulo que sólo tiene una persona extremadamente narcisista. Hitler no se interesaba por nadie, de manera que estaba libre de todo sentimiento cálido. Podía mostrar una agresividad sin límites aun contra sus colaboradores principales, alternándola con gestos y sonrisas benévolas y amables. Con otras palabras, mediante esta conducta les hacía sentirse como niños pequeños, ofreciéndose como el ídolo que todo lo sabe, todo lo puede y todo lo castiga" (Erich Fromm).

Se entiende por empatía la capacidad de sentir con otro. La empatía implica compartir la emoción percibida en otro. La empatía es una respuesta emocional que brota del estado emocional de otro y que es congruente con dicho estado. Sin embargo, no pasamos por alto la distinción del aspecto como si, diferenciación mínima entre uno mismo y otro. Es decir, podemos intentar situarnos en la piel del otro, pero hay que tener claro que en ningún momento podemos ser la otra persona.

La nula empatía expresa la incapacidad para reconocer y experimentar lo que los otros sienten. La ausencia de empatía es típica de la patología narcisista. El trastorno narcisista de la personalidad se caracteriza por la negación de los sentimientos. La inhibición de la expresión de los afectos y emociones tiene lugar porque el narcisista piensa que al expresarlos se vuelve vulnerable. Las personas narcisistas se defienden ante un posible daño no necesitando o no expresando deseos.

Los sujetos narcisistas presentan dificultades para captar características propias de las personas con las que tienen conexiones íntimas: pareja, amigos, familiares. El narcisista vive en el mundo como si fuera un habitante de otro planeta y difícilmente consigue percibir lo que sucede a su alrededor. De ese modo, no se comprometen profundamente con nadie y, al mismo tiempo, se alejan del conocimiento de sí que les podría procurar esa relación.

Sin perder nunca los estribos

El narcisismo se define no tanto por la falta de expresión libre de las emociones cuanto por el repliegue sobre sí mismo: nada de excesos, de desbordamientos, de tensión que lleve a perder los estribos. Los individuos aspiran cada vez más a un desapego emocional, motivado por los riesgos de inestabilidad que sufren en sus relaciones interpersonales. Su objetivo es no depender de nadie, no atarse a nada.

El miedo a la decepción, el miedo a las pasiones descontroladas expresan lo que Lasch denomina "the flight from feeling" (la huida ante el sentimiento). No es raro, por esto, que se produzca una potenciación del cool sex. Se trata de enfriar el sexo, de eliminar cualquier tensión emocional, con el objetivo de llegar a un estado de indiferencia y desapego. Se trata del fin de la cultura sentimental, el fin del happy end, el fin del melodrama y el nacimiento de una cultura cool, en la que cada cual vive en un bunker de indiferencia,bien defendido de sus pasiones y de las de los demás.

En nuestra sociedad, del no sentir se ha pasado a la comercialización de los sentimientos. Es curioso que en una sociedad en la que se anulan los sentimientos tengan gran éxito programas de radio y televisión en los que diversas personas desnudan su alma frente a un auditorio anhelante por escuchar sus miserias y penalidades. Podríamos preguntarnos si el objetivo de tales programas es comunicar, provocar una comprensión empática o realizar un puro exhibicionismo.

No olvidemos que ya en 1914, Freud se refería a la imposibilidad de ayudar al psicótico por ser éste tan narcisista que era incapaz de crear una transferencia con el terapeuta. No podía captar algo externo a él mismo, pues lo único real era lo que había en su interior, lo que atañía a sus ideas y a su personalidad y no lo que pertenecía al mundo exterior.

Enormemente inseguro, siempre insatisfecho

¿"Dime de qué presumes y te diré de qué careces", dice el refrán. A pesar de la omnipotencia, la grandiosidad y la hiperestima, el narcisismo puede considerarse como un espejo mágico que falsifica la realidad del desamparo y de la impotencia del ser humano, reflejando una omnipotencia que no tiene. El narcisismo aparece como una formación reactiva, un mecanismo de defensa mediante el cual el sujeto actúa de manera totalmente distinta a como se siente o auténticamente es.

Al igual que en la obra de Oscar Wilde "El retrato de Dorian Gray", Narciso presenta una fachada que protege y esconde su verdadera identidad: inseguridad, vulnerabilidad. La imagen se destruye y desmorona al confrontarla con la realidad y provoca la destrucción del sujeto. En otra obra, "El cumpleaños de la infanta", Oscar Wilde describe a un enano cuyas ilusiones acerca de la magnificencia de su yo se colapsan cuando súbitamente ve su imagen en el espejo de la verdad.

El individuo narcisista aparece externamente como un sujeto con gran seguridad. Se trata de un mecanismo de defensa. El narcisista necesita su narcisismo y vive para alimentarlo. Es enormente inseguro, porque ninguno de sus sentimientos, ninguna de sus ideas, nada suyo, se funda en la realidad.

El narcisista está tan seguro porque no le interesa cómo son las cosas. Su seguridad se debe a que cree cierto lo que piensa, sólo porque es él quien lo piensa. A su vez, tiene una gran necesidad de ver confirmado su narcisismo, porque de lo contrario empieza a dudar de todo. Contrariamente a la creencia común, el narcisismo patológico no debe ser equiparado al extremo amor propio, sino más bien a la falta crónica y dolorosa del amor propio. Por ello, el narcisista realiza esfuerzos insaciables por sustituir el amor por la admiración externa.

El narcisismo no se identifica con la autoafirmación, sino con la pérdida de identidad. Hace referencia a un yo amenazado por la desintegración y por una sensación de vacío interior. El narcisista no se quiere, quiere quererse, pero siempre está insatisfecho consigo mismo, siempre se ve manifiestamente mejorable y, por ello, siente la necesidad compulsiva y esclavizante de maquillarse y embellecerse continuamente.

Sobre la misma idea ya había trabajado Horney, distinguiendo la "auténtica estima del yo" de la "inflación del yo". La verdadera estima del yo se apoya en las cualidades que una persona posee realmente, mientras que la inflación del yo le hace atribuirse, ante sí mismo y ante los otros, unas cualidades y hazañas sin fundamento real. Estima del yo e inflación del yo se excluyen.

El narcisismo es completamente diferente del amor a sí mismo. El narcisista no se ama, no está satisfecho de sí y por eso es codicioso. La codicia siempre es consecuencia de una grave frustración, ya sea codicia de poder, de comida o de cualquier cosa. La codicia se debe siempre a un vacío interior. He aquí la gran paradoja de la personalidad narcisista; por un lado es incapaz de captar nada externo a sí mismo y por otro, necesita constantemente el apoyo, la confirmación del suministro exterior narcisista para el mantenimiento de su autoestima. Romano utiliza el término "baluarte narcisista" para referirse a un sistema defensivo que utiliza el yo, con el objetivo de mantener, de modo rígido y estereotipado, una estructura que evita la realidad y tiende a conservar incólumes los sistemas ideales, ya anacrónicos.

Siempre a la defensiva, siempre solo

Cuando, por diferentes razones, la conexión con los objetos narcisistas se rompe, la persona narcisista cae en el extremo opuesto y muestra una apariencia totalmente distinta: negatividad, dificultades. Comienza lo que Giovacchini ha denominado "la desgracia (o fracaso) narcisista", cuando el paciente deja de obtener suficientes suministros narcisistas de su entorno.

Tal situación va acompañada de rabia narcisista, devaluación y reacción contra el objeto o ambiente externo. El paciente entra en una soledad grandiosa y comienza a incrementar las fantasías megalómanas acerca de sus cualidades y talentos. El costo del narcisismo es la soledad, la renuncia a la relación con los demás, ya que ésta implicaría una terrible relación de dependencia, riesgo de abandono y herida narcisista por el sometimiento humillante. La actitud narcisista aprendida en la infancia facilita la vulnerabilidad del sujeto ante la pérdida del amor y la valoración de los otros, lo que origina la búsqueda permanente de vinculaciones afectivas autorreferenciales, solipsistas y solitarias.

Esa soledad narcisista - la atención permanente a su propio yo - es una soledad precaria, atesoradora, explotadora y, a veces, chantajista. Miller resume esta idea en la expresión inner prison: el sujeto narcisista vive como en una prisión interna que poco a poco le aísla del entorno. Por todo ello, la curación del narcisismo no puede ser otra que la interacción y la aceptación de la dependencia.


Alienación personal y conducta antisocial

"Somos lo que somos a partir de nuestra relación con otros" (Mead). Potenciar el individualismo tenía sentido frente a un pasado que uniformizaba. La "gran cadena del Ser" llamaba Charles Taylor a esa jaula que envolvía al ser humano. Durante siglos, el orden social ha sido fijo e inmutable. Todo estaba ya predefinido: el que nacía pebleyo moriría plebeyo. Esta jaula era apoyada por una falsa concepción de Dios en cuanto legitimador de ese orden fijo. Por el contrario, actualmente se corre el peligro de absolutizar lo individual. Los principios rectores de la acción del individuo son el autodesarrollo y la felicidad personal. El individuo se ha convertido en el objetivo predominante y en la vara de medir del proceso de formación de los valores y actitudes. El ideal de autonomía individual es el gran ganador de la condición postmoderna, en parte a costa de obligaciones y compromisos relacionados con la vida familiar y con la vida comunitaria en general.

Es difícil aceptar la interpretación de Marcuse, según la cual Narciso rehusa mirar fuera, a la sociedad represiva, y lo presenta como un luchador frente a la represión social. Si se da ese rechazo a la sociedad por su represión, los efectos del rechazo no repercuten de manera positiva en el propio sujeto, no le liberan, sino que provocan su destrucción y aislamiento. El propio individualismo de Narciso no aporta ningún bien positivo ni para sí mismo ni para la sociedad. Es distinto del individualismo concebido según el esquema de Adam Smith, el cual beneficiaria a la sociedad a largo plazo. Al contrario, el individualismo narcisista sumerge al individuo en una alienación personal y en una conducta antisocial.

En oposición a los que defienden los efectos beneficiosos del individualismo, otros describen consecuencias bien distintas de tales planteamientos. El resultado es un hombre "unidimensional" (Marcuse), fragmentado y con "pensamiento débil", que se aísla del entorno y en su privacidad se dedica al goce de sí mismo. López-Yarto ha descrito a estos nuevos tipos como "hombres con mentalidad de diosecillos". Tales sujetos encuentran su correlato sociológico y un caldo de cultivo idóneo en el narcisismo de la cultura actual.

Ante la carencia de un proyecto universal, el hombre occidental se refugia en la subjetividad, en la esfera privada y en el culto a la individualidad. Cada sujeto es el centro del mundo y del universo. Nuestra civilización occidental se caracteriza por perder de vista las necesidades del otro. A pesar de tener miles de ventanas - televisión, radio, prensa- para observar el entorno, no capta la realidad externa. Por tener una anestesia social, y por buscar compulsivamente utensilios o experiencias que satisfagan la necesidad de gratificaciones inmediatas, vemos los hechos sin que nos afecten o interpelen. Es una cultura del yo en primer lugar.

El culto al individuo puede dar lugar a la egocracia. Una cultura de este tipo es una cultura anoréxica, la de la desgana, la expulsión y el rechazo, resultado evidente de una fase obesa, saturada y pletórica. El pensamiento postmoderno sería expresión de la cultura cansada del balneario del Primer Mundo. Hoy en día se potencia el sumergirse en el presente y vivir la vida, entendida únicamente como mi presente y mi vida. El narcisismo individualista se manifiesta en una propensión hacia la seguridad y la ausencia de compromiso. Muchos sujetos se resguardan en el individualismo y en las experiencias inmediatas: la sexualidad, el baile, los deportes, la droga. Como afirma González Faus, la vida es tan dura y tan insoportable, que vale más morirse viviendo bien que conservarla privándose de vivir bien.

Ser humano es ser persona

La alternativa a Narciso no es válida. Frente a la realidad actual, Narciso aparece como desmemoriado y acrítico. Ante la carencia de solidaridad con los maltratados de la historia, la postmodernidad más que un sujeto débil nos ofrece un sujeto fatigado y decrépito. Sin la aceptación del otro como valioso en sí, es difícil que surja la solidaridad y el reconocimiento recíproco que posibilite un giro copernicano del yo como único centro al tú como lugar de realización personal.

El desarrollo humano no se realiza en un tubo de en- sayo, como una experiencia de laboratorio. Continuamente se está operando con el propio entorno. La maduración auténtica de la persona exige la mediación de la relación interpersonal. No hay personalización sin desarrollo de la alteridad. Es verdad que hay un concepto de individuo en positivo y que es positivo todo aquello que desarrolla la necesidad del sujeto de ser autónomo y responsable de sus actos. Sin embargo, ya etimológicamente individuo significa no-dividido. Por tanto, no es el término individuo sino el término persona el que define bien lo humano del hombre. Ser humano es ser persona y ser persona es ser en relación, es ser diálogo, vivir en diálogo e interacción con otros.

Hoy más que nunca es necesario salir de sí y aceptar al otro y a la interacción humana como valiosa en sí misma, para ir creando un nosotros en el que cada uno sea libre y responsable ante los demás. Más que construir muros para aislarnos o espejos que sólo reflejen nuestra propia imagen, hay que fomentar la gran ciudad de las paredes transparentes. No para hacer de la tierra un paraíso, lo cual sería caer en la quimera prometeica y nunca sería realizable. Sino para el logro de una meta más modesta, pero más humana: que el hombre sea hombre para el hombre.